lunes, 25 de febrero de 2013

Aplicaciones parciales de las investigaciones como una forma de proteccionismo


Los resultados de las investigaciones científicas, como actividad social, debería regular el comportamiento al interior de las sociedades. Una parte de la sociedad es efectivamente regulada por este tipo de conocimiento pero no es un secreto que una buena parte del conocimiento científico interfiere con la regulación del comportamiento social que proviene de fuentes diferentes y con intereses diferentes al de la actividad científica.

Esta interacción irregular entre producción de conocimiento científico y regulación de prácticas sociales ha justificado acciones que son repudiadas por quienes inicialmente las aceptaron[1]. Para ser más precisos quizás la relación entre el conocimiento científico y la interpretación del mismo se deba a la asimilación/aceptación parcial de los hallazgos o intentar aplicar conocimiento que, por su naturaleza, no tiene tal aplicación. Para ejemplificar la relación suponga la teoría de cuerdas en física, en donde, la materia no son partículas sino “estados vibracionales” de una “cuerda” o una “vibración”. Aunque desconozco las evidencias empíricas sobre las que se sustenta la teoría si puedo entender que no se tienen las suficientes pruebas para suponer que los individuos tenemos una conexión invisible entre nosotros en  virtud de las cuerdas subatómicas que nos unen (Park, 2001).

Fuente: John-H-Schwarz-su-verdad-sobre-la-teoria-de-cuerdas.html
Aunque el ejemplo puede sonar pintoresco representa la forma de interpretación errónea de los resultados[2] que sustentan teorías[3]. En el caso del comportamiento y la función cerebral, en los últimos años, ha generado al interior de las sociedades aplicaciones parciales con base en conclusiones erróneas. Una muestra de esto lo constituyen los datos sobre el proceso de maduración sináptica de las áreas prefrontales en función de la edad que presentan los individuos. Estos resultados muestran que puede existir cierta funcionalidad que depende de la estructura. Leído por los tribunales de justicia[4] esto significa que si una persona “joven” realiza un crimen, no es culpable del todo o dicho en términos de los abogados defensores no tiene el mismo grado de culpabilidad de los adultos, debido a que, el acusado, no tiene el proceso de maduración suficiente para la toma de decisiones, teniendo dificultad además para mantener el carácter y tener un mayor grado de influencia[5] (Steinberg & Scott, 2003).

Fuente: Gazzaniga (2011)
Aunque existen intentos por vincular la investigación científica en la práctica social, particularmente en el caso de la neurociencia cognitiva por parte investigadores representativos como por ejemplo Gazzaniga quien reporta varios casos en los que ha sido consultado por un jurado para sustentar la culpabilidad o no de un individuo (Gazzaniga, 2011). Existen además,  desde ambos puntos de vista, intentos por reconocer las implicaciones que tendría tener una influencia de la ciencia en la práctica judicial (Shafi, 2009; Sukel, s.f.). Pero la implicación que encuentran las diferentes posiciones parten de una premisa errónea y es suponer que el comportamiento de los individuos es algo diferente a la función cerebral en los mismos. Es decir, pretender suponer que una imagen cerebral puede determinar un “estado” que hace que las personas no sean quienes son y que después dicho estado puede liberarlas de las implicaciones de su comportamiento, es asumir que, el cerebro de los individuos está “enfermo” y que por estar “enfermo” no puede ser condenado, pero con una medicina adecuada, en este caso sería el tiempo y el trascurso normal, este órgano se sanaría para volver a actuar correctamente (Shacter & Loftus, 2013). Como si el actuar en un momento determinado fuera incorrecto. Nadie supondría que el corazón deja de latir de manera incorrecta, pero los médicos pueden, administrando dopamina, corregir ese mal comportamiento del corazón.


En este mismo sentido, Schacter & Loftus (2013) proponen como la investigación en memoria desde la neurociencia cognitiva podría permitir distinguir los recuerdos reales de los no reales (falsa memoria) permitiendo brindar una herramienta en los juicios en los cuales se solicitan evidencias de imágenes cerebrales. Desde el estudio básico de los procesos psicológicos se ha determinado que los procesos perceptuales y de memoria pueden alterarse bajo diferentes condiciones generando errores en memoria y distorsiones de lo ocurrido (Schacter & Loftus, 2013). Sin embargo, el aporte más importante de este tipo de estudios será permitir a los implicados en los juicios (jurados, abogados, jueces y testigos) entender el proceso de memoria como un fenómeno que se construye, es dinámico y es altamente vulnerable dando la posibilidad de generar errores a diferentes niveles (Schacter & Loftus, 2013).

Determinar hasta qué punto los estudios en neurociencia cognitiva de la memoria pueden identificar hechos reales o no dependerá en gran medida de la situación y la forma en que es concebido el proceso. En el afán por encontrar aplicación a los estudios básicos es posible generar falsas expectativas en investigadores, testigos y demás partícipes de los procesos judiciales, probablemente distorsionando el concepto del proceso psicológico.

Otro campo altamente sensible a la generación de falsas expectativas o grandes promesas por parte de quienes consultan o malinterpretan los estudios científicos es el uso de fármacos en la práctica clínica. Son varios los estudios que utilizan fármacos, por ejemplo, escopolamina para alterar procesos el proceso de aprendizaje contextual durante la fase de extinción de miedo en ratas (Zelikowsky et al., 2013). En este tipo de estudios la posibilidad de alterar el proceso de memoria por medio de drogas sugiere una posible aplicación en el caso del tratamiento de desórdenes psiquiátricos. Pero, hasta qué punto puede la administración de ciertas drogas servir en la práctica clínica[6], el contexto, las implicaciones éticas y sociales son lo suficientemente importantes para aceptar fácilmente la aplicación en humanos. Además, las condiciones controladas de los ensayos experimentales y los modelos animales que se utilizan en este tipo de estudios hacen muy poco probable la extrapolación en humanos de forma inmediata.

Fuente: www.futurity.org
Finalmente, el campo de la genética molecular ha desafiado el conocimiento y la aceptación de ciertos hallazgos en la sociedad. Craig Venter, uno de los científicos más reconocidos y controvertidos por sus decisiones y proyectos, y su equipo han creado a partir de material genético sintético el funcionamiento de una célula, sugiriendo la posibilidad de crear vida a partir de material artificial. Cómo la sociedad puede interpretar y aceptar un hallazgo de este tipo. Se han imaginado quizás las implicaciones que puede tener en nuestros sistemas de pensamiento la manipulación en el origen y generación de vida o pueden los sistemas filosóficos y políticos entender el proceso con el impacto profundo en nuestras creencias y tradiciones, quizás en este punto cobre vigencia la distinción que realiza Dawkins de costumbre, creencia y conocimiento y cómo solo el conocimiento científico aporta suficiente evidencia para soportar nuestras creencias. Creo que nuestra sociedad no está preparada para esto.

Fuente: Tomado del artículo de Gibson et al. (2010)
Volviendo sobre la idea inicial del papel que la sociedad tiene en torno a la recepción de los resultados de investigaciones científicas y el sesgo en la aceptación de estos resultados, son los científicos los culpables de dejar parcialmente sueltos las implicaciones de sus resultados y es culpable la sociedad que pretende encontrar implicaciones parciales o convenientes para propósitos diferentes a los científicos. Evidentemente también existe un grupo de agentes con intereses particulares y quizás sean estos los más peligrosos de todos, en tanto, no solo pueden distorsionar los resultados sino engañar deliberadamente con tal de no perder sus beneficios.




[1] Por mencionar un ejemplo sencillo pero representativo, el uso de las teorías de la evolución para justificar políticas sociales que llevaron a sugerir una dominancia por parte de individuos al interior de las especies.
[2] Léase datos reales, hechos tomados de la naturaleza.
[3] Léase construcción social con base en evidencias de la realidad.
[4] En Estados Unidos, donde se legitiman las prácticas y se ganan los premios nobel.
[5] Nótese la lectura poco precisa en donde para justificar términos o constructos psicológicos (toma de decisiones, carácter, influencia) se utiliza un resultado de maduración fisiológica cerebral en función de la edad. Y aun así la psicología se rehúsa a definir sus términos psicológicos en virtud de los hallazgos de neurociencia.
[6] Aunque es cuestionable este tipo de prácticas son varios los ejemplos de administración de drogas en la práctica clínica sin conocer las implicaciones reales.

--César Andrés Acevedo T.--


Referencias

ResearchBlogging.orgGazzaniga, M. (2011). Neuroscience in the Courtroom Scientific American, 304 (4), 54-59 DOI: 10.1038/scientificamerican0411-54

Park, R. (2001). Ciencia o vudú. De la ingenuidad al fraude científicoBarcelona: Grijalbo

Shafi, N. (2009). Neuroscience and Law: The Evidentiary Value of Brain Imaging. Graduate Student Journal of Psychology, 11, 27-39.

Schacter, D., & Loftus, E. (2013). Memory and law: what can cognitive neuroscience contribute? Nature Neuroscience, 16 (2), 119-123 DOI: 10.1038/nn.3294 

Steinberg L, & Scott ES (2003). Less guilty by reason of adolescence: developmental immaturity, diminished responsibility, and the juvenile death penalty. The American psychologist, 58 (12), 1009-18 PMID: 14664689

Sukel, K. (s.f.). Will Neuroscience Challenge the Legal Concept of Criminal Responsibility?. The Dana foundationTomado de: http://www.dana.org/media/detail.aspx?id=32836

Zelikowsky M, Hast TA, Bennett RZ, Merjanian M, Nocera NA, Ponnusamy R, & Fanselow MS (2013). Cholinergic blockade frees fear extinction from its contextual dependency. Biological psychiatry, 73 (4), 345-52 PMID: 22981655 

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